ella erigió torres altas y magníficas, excelsas por los cielos, rotundas a la luz.
ella alzó palacios hermosos con sus manos mismas, con aquellas manos suyas, suyas y un poco mías —como solía decirme todo el tiempo—. mientras (mientras tanto), yo vivía a la sombra de las murallas. conspiraba, echado en la penumbra de rellanos (contra suelo y paredes), urdía un plan (que ella jamás nunca pudo imaginar): aquella mañana no fue preciso que viese el puñal (frío como todos los puñales) en mi mano: todo, todo en mis ojos y el silencio con que se vinieron abajo los edificios