En su cuaderno, dieciocho estampas a lápiz de un pueblo marinero y una mujer.
—Éstas, hijo mío, son tuyas ahora.
El niño, por venir, calla. No dice nada. Y el cielo, en el silencio azul.
Pero no es la mujer, es el gesto que arruina el vuelo sin sombra de las golondrinas. Secos y blancos, los geranios al sol. Los geranios esparsos al viento y el cielo, en el silencio azul.