C.

decía que
que conservara algunos cabellos en la cabeza permitió a algunas mujeres confiar en mí lo suficiente como para bajarse las bragas: «sé que lo estás deseando». Aunque se resiste, el ápice de la lengua vence el clítoris arriba y abajo, así como antes había doblegado a un lado los pezones, ahora tersos, altos, húmedos: «sé que lo estás deseando». El hecho, sin embargo, lo constituyen tres manzanas en un plato, dos copas medio vacías, la silla junto a la mesa, un estellés sobre un fabra: «sé que lo estás deseando».