—¿No te gusta hacerlo?
—No. No es eso —recuerda la cojera congénita de su madre pasillo abajo con una garrafa de vino al hombro—: bueno, sí, a veces empujas demasiado y pueden llegar a darme arcadas cuando sale todo así de golpe —recuerda las palomas muertas en el palomar—: la verdad es que es algo asqueroso: a veces, se queda pegado ahí en la campanilla, ¿sabes?