Ella y T.

o T. y Ella
T., su héroe, se ha ido. Se ha ido y ha descuidado su escudo contra la pared. No así la espada, el filo ardiente que abre las carnes de hombres, mujeres y niños (...) Ella, alta y sola en su torre de cristal, T. sudado en brazos de algún otro hombre; T. abrazado a la cabeza del gran toro celeste; T. muerto, ensartado —bien clavados, bien adentro, sus cuernos—. Ella lo sabe. Sabe que la rosa, con el tiempo, hiede. Busca su rostro en el agua sin ondas y su rostro (espejado) la contempla. Mira la lenta caída de los pétalos, lágrimas silenciosas, silencio sin luz. Se alza. Anda (las estrellas resbalan hasta el alféizar). Sus cabellos sólo entregados a la brisa del mar