A. de Lope

(por un rato)
(...) las últimas gotas de oro caliente, oro líquido, y la sed en los labios tersos, juveniles de pronto, llevan reguero arriba la mirada imbécil (de puro deleite) hasta el mismísimo dorado sin fiebre, ni mosquito: «Cierra la boca» y, con el pie menudo, el pie desnudo, aprieta la cabeza de expresión idiota contra el suelo duro y frío, también mojado.