Llamé silencio a la lluvia, a la vaguedad, a la dispersión, a aquella tarde solos, arriba, en el desván, al olor de la madera vieja y a los tibios crujidos que iban tras tus pasos. Te llegaste a mí en alma (esto es desnuda) y nos echamos sobre una manta blanda y mullida. Nos echamos al arrullo de tus senos callados. No dijimos nada salvo la lluvia o la tarde.