Piedra nueva

Reverso
Empieza diciendo: «He de hacerte el amor junto a la retama». El lugar, silvestre y fiero, se rebela pedregoso: «Aquí, en este suelo, arrojaremos tu semilla y la mía». Ignora la adversidad, se echa sobre los guijarros: «No volveremos a trepar el árbol en busca de manzanas porque la sierpe, su mordisco, duerme entre las ramas, ni las cogeremos del suelo (que las espinas aguardan la brisa caprichosa que mece la maleza)». Abre sus brazos, ofrece sus pechos y vientre: «Aquí, en esta tierra, arrojaremos el trigo. Y se sucederán sobre nuestros hombros la lluvia y la helada, un viento áspero y la luz honesta de muchas lunas quiméricas. Vendrán después la cosecha y la molienda. Agua clara y horno ardiente». Finalmente, descubre sus piernas: «El amor, entonces, será el rastro que permanezca en nuestros huesos, pues éstos, en definitiva, son los que han de prevalecer».