déjame dormir» pero la urgencia, ensangrentada, se concentra y condensa en un punto, en un rapto de locura pasajera que enajena y distrae mi juicio, cabal por lo general, hasta el extremo deleznable en que la carne, cualquier carne y sus imperfecciones, se me antoja absoluta y copulamos, acabamos copulando como moscas, como perros en la plaza, como adolescentes, a escondidas, en el hueco de la escalera.