sólo los ojos negros en la habitación (cuatro paredes de barro): cuando llaman a la puerta, ella espera a cubierto bajo las sábanas (el caballo, por las paredes, bufa encabritado, tropieza, brega, cocea, busca el nombre, su nombre, y aún más); los pies menudos, sobre las briznas de hierba, lloran el llano sin cántaros, el robledal desventrado, las piedras desiertas: todo en una noche de tormenta con pechos tersos, aunque breves, manos que dicen, manos que van, bofetada y promesa de sangre sin cauce y ella, allí, sola por siempre. Otras recuerdan la sed trágica, los besos secos, los dientes hundiéndose