del sol en su espalda. El contacto de un solo dedo la sostiene contra la mesa: no recuerda exactamente de donde ha partido la caricia que desciende, curva abajo, por el valle que acoge las últimas gotas de agua. Cesa el escalofrío cuando irrumpe mojado entre sus nalgas. Allí se demora (en la estimulación del ano). Círculos lentos, delicados, antes de presionar
―¿Qué hacéis?

Antes ella le ha dicho que no («¿Quieres ver como tú y yo nos liamos...?»). Miraba en la nevera (tenía sed). Y frío. Después él sencillamente le ha dicho: «échate ahí». Antes, por eso, una mañana de verano. Otra más. El cielo azul. La piscina (fuera). La torre de los padres de una amiga, la amiga y la mesa de billar. La amiga, su amiga (largas piernas,boca grande), mira desde la puerta que da al patio en traje de baño