no recuerdo si al final te dije al oído que te vinieras conmigo al coche. debía llevar entonces tres o cuatro cubatas encima. no. no fuimos al coche, ni te puse contra la pared, ni te bajé los pantalones. no sé qué pudo suceder después, cuando buscamos (si buscamos) un rincón oscuro, algo de intimidad: en verdad, no querías mamármela, ni dejaste que te la metiera por el culo: nada. creo que fue (si fue) cerca de un descampado. había latas, unas cajas de cartón rotas... apenas recuerdo otra cosa que tu voz sudorosa, caliente. siquiera eso. no sé, no debí acercarme