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Confesaría más tarde que nunca nadie le hizo el amor como aquel hombre, aquel día, en las inmediaciones de la piscina municipal. Sucedió que bajaba la calle a prisa y, distraída, recogiéndose el pelo mojado en un moño, perdió uno de los zapatos. Se detuvo dos pasos después y, allí, a dos pasos, estaba aquel hombre, aquel día, mirándola tan sólo.