Ella, por un casual, advierte su presencia y él, aunque distraído, advierte su advertencia. No tardan en frecuentarse sus miradas (buscan para no encontrarse) y él, sin ser visto, mira cómo se despereza poco antes de llegar a la estación. Ella, con todo, le sorprende entre sus pechos y olvida una prenda cualquiera en su asiento. Se levanta, se va y él, de inmediato, recoge el guante, corre a devolvérselo: «se te había caído». Cuando esperan en silencio a que se abran las puertas del tren, ella piensa en decirle «vente a mi casa» sin más. Sopesa seriamente su cualidad panspérmica. Llega el tren, abre sus puertas: