porque el doce no le dice nada, dice «te llevaré lejos de las farolas, por carreteras secundarias, hasta un recodo poco transitado que me sé. Allí, me la sacaré aunque a oscuras y tú la chuparás —podrás chuparla— mientras vigilo los espejos retrovisores. Nadie podrá saberlo nunca. Lo ves. Como yo, puedes verlo y sonríes (ya) con la boca llena.