Piensa: Yacía a sus pies. El silencio sumía el aire. El cielo, la estancia. La sangre fluía contra el frío del suelo: «Bésalo» (La sustancia se desprendió entonces de la piel para quedar suspendida en el vacío. Viró, a la deriva, hasta la extenuación primero, la extinción después). Con todo, puso los labios en el dorso de sus dedos. En el extremo también. Sintió el contacto helado y supuso el desdén. Miró hacia arriba: el cuerpo, su mirada, no concluiría nunca. Se extendía y extiende. Desnudo y desnuda.