Si Cayetana solía tenderse boca abajo, Aitana tendía a tumbarse boca arriba (con las piernas muy separadas). Prefería, sin en cambio, que Aitana me diese la espalda y que Cayetana me ofreciese la visión y tacto de sus pechos exiguos. En Aitana, agradecía la amabilidad con que dominaba desde arriba, aunque, como digo, prefería su culo: solía, en cualquier caso, eyacular sobre sus pies. Esto último disgustó enormemente a Cayetana. Quiso, en su lugar, tragar y pisar (genitales, pecho y rostro). Aitana se disculpó y rogó ser pisada: eyaculé en su cara. Cayetana lo tomó a broma y, sin reír riendo, se dejó ir en mi boca. No por nada especial.