N.

Las fórmulas de cortesía se disuelven en saliva, se adensa la carne y las miradas graves escapan a los acuerdos, verbales o no, mientras ella, otro ella, sueña un hombre grande de manos grandes que la sostenga contra el tronco de un árbol. Hunde sus pasos en las aguas quietas del río: El vestido se despliega y el blanco, teñido de verde, rinde la cola que tiende sus ramas al viento oscuro de las profundidades.