Le habló y sus palabras eran claras. Le explicó que había admirado en ella una circunstancia precisa y preciosa («las proporciones exactas», confesaría). La había tomado y, en base a ésta, había conformado en su cabeza (dijo «mente») una idea que, con el tiempo, se desentendió por completo de su antecedente. Trató de transmitirle que todo cuanto había amado y amaba no era ella cuando, de pronto, se vio salpicado y sucio y