S.

Sólo conservo el recuerdo de su tránsito de la cama al lavabo. Acostumbraba entonces, con la primera luz del día, a precipitar mi semén sobre su vientre. Ella, después, se apresuraba hacia la ducha. Iba descalza y desnuda por el blanco de paredes y suelo. Iba su cuerpo, de espaldas a mí, deshaciéndose del nombre. Iba, sin llegar a salir nunca de la habitación. Era el mío recuerdo de martes.