Al cabo de la insoportable confusión de líneas, luz desierta, horizonte. Rocosas, las olas rompen en tacones pasos. Ojos estrechados por la noche negra, sin estrellas, naufragan en el hueso de rodillas. El brillo excede sus facciones: inundadas en blanco, saturadas, queman la piel nueva, salpicada de arena. Resta, para la sed, el sudor de sus axilas abiertas.