aunque las palabras fueron otras, el muchacho que la llevaba de la mano le refería que no veía por qué debía contentarse con un coño (el suyo, de ella) cuando había entonces tantos al alcance de su mano (la suya, de él). la muchacha, lejos de ofenderse, comprendió que el cariño, y sólo el cariño, podía procurar palabras como aquellas y pensó en apelar de veras al amor que decían profesarse. fue éste, no obstante, quien trajo el silencio para quedarse.