Le sostuve la mirada más tiempo de la cuenta. Ella bajó la cabeza, en busca de otro pedazo que llevarse a la boca, de carne, los restos de la que fuera una ternera «poco hecha, por favor». Se excusó: una excusa sucedió a otra en lo que restó de cena. No, gracias. No (por favor). No será necesario: cogeré un taxi (volveré sola, volveré sin ti).