cuando desperté, rosemary fumaba de espaldas a mí en el borde de la cama y de la vida. de algún modo había gritado toda la noche. la oí en sueños. lo supe por las gotas de sangre en la almohada y rosemary, furiosa y en silencio: rose… no me toques. adoro tu carne, rose… calla. ven. ven aquí. que no, hostias… deja que vuelva a adorar tu carne, rose, los pliegues de tu piel… deja que ― cállate joder. cállate de una puta vez. cuando me montas, cuando te subes aquí, cuando te pones así, me gusta sobre todo pellizcarte los pezones… me gusta morder ― te he dicho que no me toques, joder. das asco. rosemary, tu coño… no te soporto. ven. quita. ponte ― no me soporto. aquí, túmbate aquí, necesito