raro es que otros ojos coincidan con los suyos, como rara la sensación de un hambre nueva, más joven, sobre la carne más cansada que sostienen en alto sus sujetadores. no son de los nuevos, son unos que compró en el mercadillo hace un par de meses. el coche ha pasado. deben ser ya las doce menos cuarto. abre la puerta del suyo, más grande, deja las bolsas, con pan, con fruta, y entra. se sienta. en el espejo retrovisor, su flequillo, el pelo sucio por encima de su mirar gastado, y la mañana de viernes (apenas unos minutos).