un zapato de tacón en el comedor: si él la empuja contra la pared, ella lo envuelve con los brazos y lo atrae hacia sí. a trompicones por el pasillo: si él, de un tirón, se deshace del vestido ―vestidos, aunque pequeños, se veían más bonitos―, ella se traba con botón y cremallera de los pantalones. besos en blanco y negro: si él tira para atrás de su cabeza, ella desabrocha sin tino: siempre ha querido pasar sus uñas nacaradas por el torso duro, sin pelo, que imagina tras los botones de la camisa. copas de champaña derramadas: si él arranca y muerde allí donde estaba el collar instantes antes, ella oye desmoronarse cristales de jarrones, vajillas de bohemia y el espejo del tocador; cuando la agacha, cuando la pone de rodillas, ella, de reojo, ve perderse una perla, blanca en el haz de luna, por el hueco negrísimo de debajo de la cómoda.