alguien puso la música. tú sonreíste, era aquella canción otra vez, y yo no pude menos que ensayar unos pasos lejos de la barra, algo realmente gracioso, entre las voces de un desconocido, como jaleando, y las palmas muy simpáticas de un grupo de francesas: eran jóvenes y olían a playa y nuestros amigos, quinto en mano, se unieron a la celebración y así, sin darnos cuenta, formamos un instante de felicidad que, junto a la luz aquella de las anochecidas de julio, vuelve para no poder, ya sin ti.