6 de abril

Era il giorno ch’al sol si scoloraro / per la pietà del suo factore i rai
señora de un castillo en chándal y paraguas rojo. Iba cuesta abajo, sin señor ni tormenta: «¿Podría decirme dónde está…?» y sus ojos, de puro duro, negaban los posibles: los juegos, los besos, la risa. Insistí, por su porte, por lo que debió ser y aún recordaba, pero estaba cansada. Más que cansada, fastidiada. Hablando, movió apenas las manos: no estaban ahí los callos, sino en el gesto, con los años, y en el anillo de casada, que eran los días junto a un bruto que hacía de mecánico, se adivinaban los sábados tarde frente al televisor, cuando la vida, y aún lo quiere, hubo de ser otra muy distinta. Otra, por a gusto que se esté bajo la manta. Respondí, a todo esto, «a la izquierda. Tomé después la calle que…».