mi querida dulce jettel: me enervo sobremanera (cuanta sangre se acumule en última instancia) con el azul de esos ojos que vengo diciendo. son dos las perras magiares: la una con el ojo frío (helado), la otra duro. insinúan lenguas ávidas de caramelo, fugaces y lavabos. sabes bien que a aquella (sucia) alemana que se vino contra mí, le dije hola qué tal cómo estás y, por toda respuesta, obtuve un accidentado te espero en el lavabo (su lengua se me antojaba hinchada, sus pechos fecundos y su vientre orondo: profundísimo); cuando (por fin) hundí mi mano en la carne jugosa, pandémica de su entrepierna, supe que no era rubia (ardía de frío por el vértigo de sus piernas).