R.

(la mujer) trata de explicarme la excelencia de sus muslos con movimientos sinuosos, sutiles. que no. insiste tallando alto el busto: mire qué género, qué hermosos pechos: pechos turgentes. admirables, ciertamente, pero no. mediante fabulosa parábola de ojos (pestañas), de giros y malabares varios —pirotecnia pura—, me hace saber su entera disposición para con mis caprichos: déjelo estar, que no.
—¡pero yo le ofrezco todo mi cariño!
—no gracias (ya tengo un radiador eléctrico en casa).
—creáme: tengo mucho (tanto) que ofrecer(le).

(tanto, tanto)