aunque el espíritu de los muertos vigila, la entraña (su garra) me empuja contra la tierna carne de la joven india, pues allí y aquí, en aquestas pacíficas ínsulas, todo resulta maravilloso al fin, todo, al fin, embriagador y ansí, entre embelesado y alzado del suelo, voy de india en india, de flores colmado, y todas, todas ellas guardan su mejor sonrisa para el final (acaso agradecidas, acaso satisfechas, acaso aliviadas, acaso indias: jamás vuelvo