A.

tenía coche
y todo en su cuerpo evocaba la melodía propia de la curva (que tiende al cielo).
aunque aborrecía los sentidos plenos, le dije que sí: bájala tú misma (con tus menudas manos). en verdad, era una persona mucho más seria que todo aquello: accedí una primera vez (sólo) para acceder en segunda, tercera, quinta instancia. de este modo, ella estuvo accedida algunas tardes de invierno durante (siempre) cortos intervalos de tiempo. no daba para más.

a mi manera, fui feliz (que no mezquino.