M.

Ficción de tarde
yo decía cosas tales como que esto se acabará un día y tú lo sabes. también el sol de aquella tarde única, y la luz, la luz que ardía suave en tu pecho siempre lejos —siempre tan lejos—, y reíamos, reíamos en las caricias, reíamos enredados en tu pelo (también tu pecho, también tu pelo), y cuando tu niña se tapaba con las sábanas (para no mirar), cuando tú, mujer, separabas las piernas, por más que lo intentásemos (también las sábanas, las caricias y las risas), no había manera de disimular el rubor de tus mejillas (no sólo en tus mejillas). era entonces cuando el silencio desplegaba sus alas y movía palabras: entonces, justo entonces, ni luz, ni risas, ni enredos