recuerda que aquella noche dije muchas cosas: es así como me gusta verte (no te muevas, no te vayas), arrecida, quieta junto a la ventana con la noria muerta, descarnada y también dije: cuando muera, deja que caiga. no temas. no hay nada que salvar.

—míranos —le dijiste al espejo.

recuerda que, acaso atónito, continué diciendo: lo que no entiendo es por qué te recoges el pelo, por qué arrastras la sábana fuera de mi alcance (y con la sábana mis huesos, mi piel

(tan lejos)


—¡míranos! ¡míranos! ¡míranos!

permanece quieta:

míranos


(cuando se supo sola, encendió otro cigarrillo.