Ventanas abiertas

Voz de torreón II


[no sólo el aire, también la luz entra con el sentido de plenitud henchido y radiante]



[una voz dice] querrán hacerme creer que el amor es en última instancia destructivo (definitivo) y en efecto no les creeré. entonces y sólo entonces procederán a derramar (todas) sus lágrimas en mi pecho desnudo, mi pecho descubierto y herido, pero no serán suficientes: díganme de cuántas lágrimas disponen. digan cuántas estiman que serán necesarias [aguarda unos segundos y estalla otras tantas veces] todas y cada una de sus letras, todas y cada una de sus palabras fueron hacia mi carne a clavarse, no a desdecirse: llegaron para quedarse: ¡prevalecer, prevalecer por encima de todo!