insistió, tanto insistió (tanto) que, de tanto insistir, acabé dejándola preñada: quiero un hijo (pienso a menudo en trepanarme el cráneo); me gustaba sobre todo echarme entre sus piernas: dime, ¿qué buscamos? un nombre —persistía—: un nombre, buscamos, una parcela de piel por pequeña que sea para sus caricias —y persistía hasta acabar con los suyos pies sobre los míos hombros (sic)—. ella (pienso a menudo en trepanarme el cráneo) me resulta ahora entrañable con su hijo y su nombre entre sus brazos (¡sus brazos!): se sonríen, acaso son felices