mientras los obreros tendían fachadas al sol, nosotros íbamos de espaldas al tiempo, nosotros, los dos, mientras el solaz caía, caía y prendía paredes y calles, caminábamos y decíamos (nos mirábamos todo el rato). ella (de hecho) me miraba (todo el tiempo) por encima del cristal de sus gafas, a lo que (finalmente) dije: son bonitos de todos modos. no puedes hacerle nada: no mataría por ellos. nunca. (no puedes hacerle nada). piénsalo: si quisiera llevarme un par de tetas a la boca —he ahí la pandemia—, siquiera estaría hablando contigo, porque siquiera soy capaz de imaginar la posibilidad de tus caderas, la sombra de tu pie, tu hombro desnudo: el espacio angustiado (de sombra, de luz) que gime entre tus muslos. entiende, dije entiende, (haz el favor) que incluso a los lobos se les da caza

(y deja, de una vez, de herir los míos...)