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Retrato #4

Óleo sobre lienzo
el padre ceniciento, por no decir cansado, con las manos hundidas en un tiesto (la tierra rota, rotos los terrones y las raíces sin respuesta). Desde el suelo, de rodillas, confiesa que el hijo muerto no cabe en dos docenas de dodecasílabos ni en siete estancias blancas (sin apenas luz): «ciento noventa y cinco versos en balde y los tulipanes que le plantase, esparcidos, destrozados, a mis pies… El agua, coma, ahora, coma, se pudre en un jarrón de barro cocido.