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Retrato #5

Óleo sobre lienzo
Querían a un poeta que encarnase la sensibilidad que un filósofo insomne imaginase inmerso en luminarias vespertinas, un hombre delicado que sangrase por la nariz la sangre más roja, un hombre capaz de cruzar la noche más negra en busca del epíteto preciso. Pálido de muerte, sutil en la tormenta, soñaría un río helado en el seno ceniciento de Europa, soñaría un puente de hierro desde el que arrojarse al abismo hondo de sus penas. Querían a un poeta que les hablase del hueso de las prostitutas, del desdén de unas medias que otro hombre ha roto, del caballo, blanco de puro brillante, que derruye cuerpos blandos a su paso, de la desidia de sus labios (ella), de sus palabras de hielo hiriente (ella), o de los feos costurones de su corazón. Ella, su corazón, en una campana de escarcha que dedos largos, dedos finos, arañarían sin saciarse. Querían a un poeta y tienen unas páginas de papel manchado, el vago recuerdo de unas lágrimas y su cadáver, azul y frío, en la sucia ribera del Danubio.