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Retrato #7

Óleo sobre lienzo
Muere el pintor y queda su viuda con un hijo. Desválida, si se quiere. El que fuera mecenas de su esposo, un alto industrioso del metal, no la quiere desasistida, aunque sí jovencísima: le da unas monedas por unos cuadros, otras por unos esbozos garabateados sobre papeles que amarillean. Hace, además, por colocar otras obras entre sus familiares y conocidos. Aquella tarde, en la habitación de un hotel, ella le enseña otros lienzos que su marido ―a saber por qué― guardaba en el sótano: «interesantes», «obsesivos», «siéntese, siéntese aquí, a mi lado. No tema: simplemente somos un hombre y una mujer en la habitación de un hotel».