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et plus ultra

Fábula VIII

Óleo sobre lienzo
Insistió en atravesar solo la región remota de bruma perenne. Penetraría las hondas cavernas al cabo del mundo y daría muerte al dragón con sus propias manos. Ceñía fuertemente la espada cuando confesó que sus lágrimas no eran suyas. Si lloraba, lloraba cuanto alguna vez había conocido. Era por el mes de mayo: las doncellas risueñas traían agua y llevaban flores en el triunfo de Primavera. Nos refirió que su alegría, la alegría de sus mayas, era aprendida. Supimos que toda canción canta, al fin, la tristeza que descansa en el fondo de todas las cosas. Y advirtió que allí, en acuosas cavidades, las hallaría finalmente, suspendidas en la negra nada, sin apenas color y forma. Su corazón, más que la esperanza, albergaba el deseo de victoria frente al firme propósito de su mortaja mortal. Si antes lo tañeron laudes, vihuelas en palacios van hoy tras la significación exacta de la pena y el dragón.