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Retrato #13

Tinta sobre papel
Ludwig Tieck peinaba su caballo todas las tardes, un hermoso corcel negro llegado, diríase, en la noche de sus días. Había, de algún modo, atisbado el barranco a la vuelta de la esquina y, lejos de someterse a las impersonales leyes de la física, se quiso lejos: en el antiguo caserón familiar. Peinaba así a su caballo (todas las tardes): procuraba, con cada pasada del peine sobre el lomo de la bestia, la calma y la quietud propias del campo ―la sangre (lo sabía) bullía o ansiaba bullir por dentro. Presentía el abismo (antes barranco) si el caballo, distraído, bufaba.