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pictóricos

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et plus ultra

A la muerte del gran pirata, se izaron banderas negras en los barcos de todo el país. El luto, a media asta, surcó las ondas del mar y, arribados desde todos los confines del globo, acudieron familiares y amigos, conocidos y agradecidos, que alabaron tristemente las muchas bondades del difunto: «era un buen hombre», «era generoso, y feliz» o «lo tenía todo», lamentaban, con gran duelo del corazón. Robó para sí propio, y robó tanto que, cuando no cupo más, se procuró un sueño negro y profundo. Como todo buen pirata, no creía en la caridad de los cristianos, pues son gente sin alma y sin dios, así que, sin nada por lo que preocuparse, se preocupó por la humanidad. La suya, sobre todo. DEP si es que nadie descansa nunca.