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Abstracción en púrpura

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Fumo. Escribo lentamente. Cu. Clac. U. Clac. O, luego espacio, luego pe. No fumo. Aunque quisiera, sólo escribo: u, luego ele. Ese, clac, a. Me veo fumando, querría fumar, la ventana abierta a la tarde, a las últimas luces de la primera primavera. Hay una avispa ―te, luego espacio― en el dorso de mi mano. Pe. E y el aguijón (su sola noción). De y la cabeza sorda de los insectos. Las antenas diminutas, luego e, luego espacio. Sucede el hormigueo. Sucede la repugnancia: clac, clac, clac. Ramas más oscuras se callan el cuerpo niño de una niña flotando, en florescencia, sobre aguas estancas. Clac. Clac. Clac. Crujen las vigas, crujen por viejas, y la niña se hincha en los tiempos del pantano. Blanco de página, la niña se pudre. Duerme entre cimientos, la madera podrida, al cabo de una escalera que no baja. Cieno. Mosquitos. Clac. A unos metros, la puerta sigue cerrada. Detrás, porque primero hubo un detrás, la gruta. El vientre de culebras. Tierra, sueño de reptil. La puerta del sótano sigue cerrada: no querría abrirla, no querría entrar. No fumo. El mismo blanco de página, a, clac, e, clac, cu. U, o. Pero sé, de algún modo sé, que la gruta desciende más adentro, que luego está la plaza, aquel cielo de rojo imposible y los viejos. Están los viejos ―sin dientes, ni pelo―. Los viejos, los asquerosos viejos que regurgitan el vino, que pisan el mármol. Clac. Pe. U, ele, ese. A y te. Van, recuerdo, descalzos. Recuerdo, en escalones, las sandalias. Dorados haces de doradas nubes y la fuente: la fuente es la ruina en la fuente. La fuente hiede. Huele a pantano ― la putrefacción, suave brisa, va en las ramas más oscuras. Clac. Pe. E. Más blanco. No recuerdo las túnicas blancas, el blanco marmóreo. De. E. Espacio. No he podido olvidar aquel blanco sucio, gastado. Diría ajado. Si dijese, si acaso dijese, diría torres antes altas. Geometría, ayer. Espacio, luego espacio. Clac. Supongo el polvo: puedo mascarlo, entre los dientes (ahí fuera). Si recordase, también las columnas serían blancas: serían ayer. Clac, clac, clac. Copas de oro. Copas, hasta la náusea, derramadas y el jugo, como sangre, en reguero hacia el pozo. No corre el agua de la fuente. No miro (¡no mires!) al fondo del pozo ―hinchándose, pudriéndose. Más oscuras (si cabe). A. E, cu, luego. Espacio,