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et plus ultra

Sueño o Sueño II

Óleo sobre lienzo
Despertaba y barría si hacía bueno. Corría a ponerse la estameña del hábito y las alpargatas de esparto, y salía afuera, al sabroso murmullo del abril en las ramas, con la misma vieja escoba de cáñamo en las manos. Allí el romero, más salvaje. Allí el solaz de las abejas. Allí el jilguero, más ufano, en disputa con el verderón: «chachos, chachos», los amonestaba, y, cuando quedaban acordados, daba los primeros escobazos a izquierda y derecha, llevaba el polvo, las hojas secas, de un lado a otro, y barría, a derecha y a izquierda, la tierra de debajo, muy fresca por causa de la lluvia, y barría, más abajo, lo duro, una acera que traía el bullicio de los muchos peatones y los claxones de otra mañana de martes, cruda en cementos y asfalto, y apartaba los papeles arrugados, las colillas, pero nada podía contra todos aquellos zapatos o los negros pegotes que antes fueran chicles.